La Filosofía de Spinoza

Por José Romero

3.1. La Ética. Racionalismo e inmanencia. Dios y la mente como objetos de conocimiento racional

La Ética demostrada según el orden geométrico es la principal obra de Spinoza, en ella aplica su teoría del conocimiento a los objetos de la metafísica tradicional: Dios y el alma.

Para la corriente filosófica idealista inaugurada por Platón, la realidad puede dividirse en dos partes: una parte material o sensible, a la que pertenecen los cuerpos materiales; y una parte ideal, formal o inteligible, a la que pertenecen, (entre otras Ideas) Dios (o Idea de Bien) y el alma, estando cada una de las dos realidades (formal y material) sometidas a distintas normas ontológicas y epistemológicas. Para Platón, sólo la realidad formal es auténticamente real e inteligible (racional), mientras que la realidad material o sensible no es más que una copia imperfecta de la realidad formal.

Por su parte, los filósofos empiristas, como Hume, pensaban que sólo los objetos materiales percibidos por los sentidos pueden ser objeto de conocimiento verdadero. Por ello, dado que Dios y el alma, son objetos inmateriales, no pueden conocerse racionalmente, puesto que no tenemos experiencia sensible de los mismos. Por su lado, Kant (cuya filosofía es una síntesis entre racionalismo y empirismo) consideraba que sólo podemos tener conocimiento científico de aquellos objetos que existen en el espacio y el tiempo, por lo tanto, pensaba que Dios y el alma, no pueden conocerse científicamente, sino que sólo pueden “postularse”, es decir, puede suponerse su existencia para fines prácticos (esto es, éticos y políticos), como por ejemplo para justificar la existencia de leyes morales, pero no se puede tener ningún conocimiento científico sobre su existencia ni sobre sus propiedades, por lo que negaba la posibilidad de una metafísica científica, es decir de una ciencia racional de Dios o el alma.

Por el contrario, como hemos visto, para Spinoza toda idea concebida exclusivamente por la razón puede ser objeto de conocimiento, por ello, dado que Dios y la mente (o alma) son ideas simples plenamente producidas por la razón, al igual que las figuras y cuerpos  geométricos, sí pueden ser objeto de conocimiento científico (o, en palabras de Spinoza, conocimiento “de orden o modo geométrico”).

La tesis según la cual Dios y el alma pueden considerarse objetos de  conocimiento del mismo modo que los objetos de la geometría, pone a éstas entidades en el mismo plano ontológico y epistemológico que todas las demás entidades materiales. Por consiguiente, para Spinoza, no existen dos realidades, una material y otra ideal, sino que la realidad es una unidad sometida a la misma norma epistemológica y ontológica y por tanto plenamente inteligible racionalmente y transformable prácticamente. Por ello se dice que la filosofía de Spinoza es “inmanentista”, esto es, afirma la inmanencia de todo lo real, en oposición a las filosofías que afirman la existencia de una realidad “trascendente”, es decir, separada de la realidad material, bien sea para situarla en un plano ontológico y epistemológico superior (Platón, Aristóteles, Sto. Tomás), bien sea para situarla en un mundo ilusorio (Hume), o incognoscible (el “noúmeno” de Kant).