Baruch de Spinoza

Por José Romero

y 4.2. Teología y política. El estado de los hebreos. La religión como ideología

En el Tratado Teológico-Político, Spinoza recorre la historia bíblica del pueblo hebreo a su salida de Egipto, dirigido por Moisés, como ejemplo paradigmático, de pueblo que se constituye en estado. Así, cuando los hebreos salen de Egipto, liberados por Moisés, se encuentran como "pueblo sin estado", que debe "partir de cero", para constituirse como estado.

Los hebreos, ante la necesidad de constituir una suprema potestad, deciden transferir su poder a Dios, y constituirse en una teocracia. Ahora bien, el lugar de Dios debe ser ocupado por una autoridad humana, que en primer lugar representa el profeta Moisés, el líder que los liberó de Egipto.

Una vez que Moisés muere, su lugar debe ser ocupado por un monarca que "represente la voluntad de Dios". Sin embargo, si bien Moisés detentaba la autoridad divina de forma "natural" (puesto que es él quien recibe las Tablas de la Ley), toda autoridad posterior, debe contar con algún mecanismo "psicológico" para asegurarse la obediencia de los súbditos. Dicho mecanismo, es, obviamente, la religión judía.

La religión judía, juega para los hebreos un doble papel político: el de dar cohesión al colectivo al reconocerse cada individuo como perteneciente a un colectivo obediente a una fe y a unas leyes heredadas del profeta Moisés; y por otra parte como representación "imaginaria" de la autoridad política efectiva.

De esa manera, la religión judía aparece como una "ideología nacional", una representación "imaginaria" de la unidad de la nación judía, y como tal, una justificación de la obediencia a la autoridad que, de forma efectiva constituye el estado. De este modo, se dan dos realidades paralelas: por una parte, la "realidad" de la obediencia de los súbditos a un soberano, y por otra parte la "representación imaginaria" de esa realidad, ya que, los súbditos obedecen al soberano al "representarse imaginariamente" la obediencia a éste como la obediencia a Dios.

Así, Spinoza muestra como la religión revelada no es una verdad histórica, y los milagros y los relatos de los profetas no son realidades sobrenaturales causadas por Dios (si Dios y la Naturaleza son lo mismo, Dios no puede actuar contra las leyes de la Naturaleza, que es él mismo) sino una mitología que se presentó al pueblo hebreo de forma fantástica por la imaginación de los profetas como una manera sencilla de que comprendieran verdades universales, como la necesidad de obedecer las leyes que constituyen el estado, y la de que la verdadera religión consiste en la práctica de la caridad y la justicia.