Anaxágoras de Clazomene

Noticias recogidas por Diógenes Laercio sobre Anaxágoras

Anaxágoras, hijo de Hegesibulo, o bien de Eubulo fue natural de Clazomene y discípulo de Anaxímenes. Fue el primero que a la materia hile añadió la mente al principio de sus obras, donde, suave y magníficamente, dice: Todas las cosas estaban juntas; luego sobrevino la mente y las ordenó, y por esta razón se llama mente. Timón dice de él lo mismo en sus Sátiras.

Fue Anaxágoras ilustre, no sólo por su nacimiento y riquezas, sino también por su magnanimidad, pues cedió a los suyos todo su patrimonio. Y como lo notasen de negligente, respondió: Y vosotros. ¿por qué no sois más diligentes? Ausentóse, finalmente, a fin de entregarse a la contemplación de la Naturaleza, despreciando todo cuidado público, de manera que diciéndole uno: ¿Ningún cuidado os queda de la patria?, respondió, señalando al cielo: Yo venero en extremo la patria.

Se dice que cuando Jerjes pasó a Grecia, tenía Anaxágoras veinte años de edad, y que vivió hasta setenta y dos. Escribe Apolodoro en sus Crónicas, que nació en la Olimpíada LXX y murió en el año primero de la LXXVIII. Empezó a filosofar en Atenas, de edad de veinte años, siendo arconte Calias, como dice Demetrio Falereo en su Historia de los arcontes, adonde añaden se detuvo treinta años.

Decía que el sol es un globo de fuego y mayor que el Peloponeso. Otros atribuyen esto a Tántalo. Que la luna está habitada y tiene collados y valles. Que el principio de las cosas son las partículas semejantes, pues así como el oro se compone de partes tenuísimas, así también el mundo fue compuesto de corpúsculos semejantes entre sí. Que la mente es el principio del movimiento. Que los cuerpos graves se situaron en lugar bajo, verbigracia, la tierra; los leves arriba, como el fuego; el agua y el aire tomaron el medio. Así, pues, sobre la superficie de la tierra está el mar, y el sol saca de sus aguas los vapores. Que en el principio giraban en el cielo (construido en forma de cúpula), de manera que el polo, que siempre está a nuestra vista, giraba sobre el vértice de la tierra. pero que después tomo inclinación. Que la vía láctea es un reflejo del resplandor de los astros no iluminados por el sol. Que los cometas son un concurso de estrellas errantes que despiden llamas, y que el aire los vibra como centellas. Que los vientos provienen del aire enrarecido por el sol. Que el terremoto es causado por aire que corre por dentro de la tierra. Que los animales fueron engendrados del humor, del calor y de la tierra; después fueron naciendo de ellos mismos, engendrándose los machos a la parte derecha y las hembras a la izquierda.

Se dice que anunció, antes de caer, la piedra que cayó en Egospótamos, la cual dijo caería del sol , y que por esto Eurípides, su discípulo, en la tragedia intitulada Faetón, llamó al sol masa de fuego. También que, habiendo partido para Olimpia, se sentó vestido de pieles, como que había de llover presto, y así sucedió. A uno que le preguntó Si los montes de Lampsaco serían mar en lo venidero, dicen respondió: Sí, por cierto, como el tiempo no se acabe.

Preguntado una vez para qué fin había nacido, dijo que para contemplar el sol, la luna y el cielo. A uno que le objetaba que estaba privado de los atenienses, respondió: No estoy privado de ellos, sino ellos de mí.Al ver el sepulcro de Mausolo, dijo: Un monumento suntuoso es imagen de riquezas convertidas en piedras. A uno que llevaba mal el que muriese en tierra ajena, respondió: No os molestéis por eso, pues de todas partes hay el mismo camino que hacer para bajar a la región de los muertos.

Según dice Favorino en su Historia varia, parece fue el primero que dijo que Homero compuso su poema para recomendar la virtud y la justicia; parece que amplificó mucho Metrodoro Lampsaceno, amigo suyo, el cual disfrutó bastante a Homero en el estudio de la Naturaleza. Anaxágoras fue el primero que nos dejó un escrito sobre la Naturaleza. Sileno, en el libro primero de sus Historias, dice que habiendo caído una piedra del cielo siendo arconte Dimilo, dijo entonces Anaxágoras que todo el cielo se componía de piedras, y se sostenía por la velocidad de su giro; de manera, que si el giro cesase, caería el cielo.

En orden a su condenación hay varias opiniones, pues Soción, en las Sucesiones de los filósofos, dice que Gleón le acusó de impiedad, por haber dicho que el sol es una masa de hierro encendido, pero que lo defendió Pendes, su discípulo, y sólo fue condenado a pagar cinco talentos y salir desterrado. Sátiro escribe en sus Vidas que lo acusó Tucídides, por ser éste contrario a las resoluciones de Pendes en la administración de la República. Que no sólo lo acusó de impiedad, sino también de traición, y que ausente, fue condenado a muerte. Habiéndole dado la noticia de su condenación y de la muerte de sus hijos, respondió a lo primero que había mucho tiempo que la Naturaleza había condenado a muerte tanto a sus acusadores como a él. Y a lo segundo, que sabía que los había engendrado mortales.

Demetrio Falereo dice, en el libro De la Vejez, que Anaxágoras enterró él mismo por sus manos a sus hijos. Hermipo, en las Vidas, asegura que fue encarcelado y condenado a muerte; y preguntado Pendes si había algún crimen capital en él, como no le hallase alguno, dijo: Ahora bien: yo soy discípulo de este hombre; no queráis perderlo con calumnias, sino seguid mi voluntad y dejadlo absuelto. Y que así se hizo: pero no pudiendo sobrellevar la injusticia, murió de muerte voluntaria. Finalmente, Jerónimo dice, en el libro II de sus Varios comentarios, que Pericles lo condujo al tribunal de justicia a tiempo en que se hallaba desfallecido y débil por enfermedad, y que fue absuelto antes por verlo así que por hallarlo inocente. Todos estos pareceres hay sobre la condenación de Anaxágoras. Hay quien piensa todavía que fue enemigo de Demócrito por no haberlo querido admitir a su conversación y trato.

Finalmente, habiendo pasado a Lampsaco, murió allí, y preguntado por los magistrados si quería se ejecutase alguna cosa, dicen que respondió que cada año en el mes de su muerte fuese permitido a los muchachos el jugar, y que hoy día se observa. Los lampsacenos lo honraron difunto, y en su sepulcro pusieron este epitafio:

Aquí yace Anaxágoras ilustre,
Que junto al fin de su vital carrera,
Entendió plenamente los arcanos
Que en sí contiene la celeste esfera.

(Diógenes Laercio, "Vidas de filósofos ilustres", trad. José Ortiz, ed. Iberia, Barcelona, 1962)